meditación VIPASSANA

Meditación  

Volver al principio de la página La meditación es conocimiento de sí mismo y conexión con la propia fuente de bienestar. No es un sistema de creencias ni una doctrina, ni una respuesta a ninguna cuestión. Aprende a meditar si quieres cultivar la salud, la paz mental y emocional, y tener una percepción más lúcida del momento presente.

Vipassana es una palabra sánscrita que significa ver las cosas tal como realmente son y es una de las técnicas más antiguas de meditación de la India.

  El poder sanador de la meditación  
  Nuestro método  
  Cómo acallar la mente y las posiciones incómodas  
  Qué Aporta la meditación en el día a día  
  Meditar en casa  
   Respirar la vida: El taller de meditación bioenergética  
  El circulo de meditación vipassana  
  Documentos seleccionados: libros, artículos y enlaces  
  Calendario de actividades  


            


Volver al principio de la página   El Poder Sanador Meditación  

La práctica de la meditación vipassana es un eficaz método para conocernos y reencontrarnos con las partes más profundas de nuestro ser.

La meditación nos introduce en el silencio y abre un espacio interior de quietud frente a los intensos estímulos del mundo que nos rodea.

Incrementamos la atención y el auto conocimiento. Permitimos que nos hable la propia voz.

Creamos un silencio lleno en el que el respirar consciente, nos proporciona el aliento vital que anima, reenergetiza y nos conecta con la energía primordial, produciendo beneficiosos efectos en el cuerpo, la mente y el espíritu.

El poder sanador de la meditación nos da bienestar y confort para estar bien con nosotros mismos y con los demás.

Esta práctica, como sabéis, tiene muchos efectos fisiológicos (genera ondas alfa, favorece la producción de endorfinas, es desestresante…) y también tiene efectos sobre nuestra personalidad global, porque el encuentro con nosotr@s mism@s, nos da serenidad, nos armoniza y nos permite observar, con una cierta distancia, lo que nos pasa, lo que sentimos, lo que pensamos, sin quedarnos atrapados en ello. Y entonces tenemos una fortaleza y una mayor comprensión de la vida, y pasamos a ser cuidadores de nosotr@s mism@s y cuidados@s con lo que nos rodea.

Nuestro bienestar ya no depende tanto de las circunstancias y relaciones externas, porque esta entrada en nuestro espacio interior nos irá mostrando y dando muchos recursos. Es la entrada a la cámara del tesoro, a la conciencia de unidad.

Todo este proceso tiene etapas y vamos abriéndolas a medida que practicamos.

Un paso más cada día, hecho con la voluntad, el corazón y la acción (que en este caso es la no-acción del silencio y la quietud), nos lleva al encuentro con el SER que somos.

La meditación nos permite dedicarnos un tiempo para observarnos y escucharnos sin ninguna otra cosa que nos quite ese tiempo que reservamos para nosotr@s. Escucharnos es un buen trato que nos damos.

Cuando un amigo o amiga nos habla, ponemos atención en lo que dice, pero escucharnos a nosotr@s mism@s es más raro.

Es un muy buen trato acoger nuestros pensamientos, sentimientos y las sensaciones que van surgiendo en este tiempo dedicado a meditar, para observarlos, sin apegarnos a ellos, comprender y aceptar.

Así vamos abriendo una nueva dimensión de la conciencia: El observarnos pensando. Pues no somos lo que pensamos o sentimos. Esta nueva dimensión intangible es "La presencia", o la función y proceso de observar, que nos introduce en el campo ilimitado de la conciencia.

La presencia es lo que realmente somos, nuestra fuente de serenidad, bienestar y compasividad, que nos acompaña en el día a día y crea en nosotros una estructura inmaterial de coherencia y armonía que también produce efectos beneficiosos en el mundo que nos rodea.

La práctica de la meditación, o de centrar y desarrollar el "darse cuenta", es como desarrollar un nuevo músculo. Esto nos ayuda a comprender que NOSOTROS SOMOS YA LA META DE NUESTRA PROPIA BÚSQUEDA.


            


Volver al principio de la página   Nuestro método Meditación  

Nuestra práctica de meditación parte de la experiencia Vipassana1, realizada con Dhiravamsa y de la experiencia de Contemplación2 orientada por Willigis Jäger

Es una meditación sin objeto. Se basa en una práctica con vistas a crear un espacio de silencio y quietud que, por medio de este ejercicio, nos va a permitir observarnos, ver las cosas tal como realmente son y conectarnos con nuestro ser interior.

Esta práctica la hacemos con un método.

En primer lugar, LA POSICIÓN. Hay que encontrar una posición cómoda pero erguida, sostenida por la columna vertebral, que ha de estar vertical y sin apoyo.
Esta posición tiene una explicación fisiológica y una repercusión psicológica. Es la que permite que circule la energía de una forma determinada. Esta energía tiene su fluir obstaculizado por los eventos del día que a menudo nos ponen tensos. Y todo esto lo registramos en nuestro sistema muscular y conjuntivo (rigideces, tendinitis…)

La posición nos permite ponernos en contacto con la tierra, pues los pies, las piernas y/o las nalgas están apoyados en el suelo. Y también nos conecta con algo que nos trasciende, a partir de esa verticalidad sostenida más allá de la cabeza. De esta forma estamos aquí y ahora, incorporándonos a una dimensión mayor, un TODO del que formamos parte.

Por tanto, la posición es sentada, arrodillada en el banquillo, o en loto, la espalda recta, como si un hilo nos estirara desde la cabeza, y el entorno, el vacío, nos aguantara. La mandíbula relajada, las manos apoyadas en los muslos o cruzadas. Hay que encontrar una posición cómoda.

En segundo lugar LA RESPIRACIÓN. Poner atención a la entrada y salida de aire. Sentirlo hasta el abdomen y por todo el cuerpo. Es un respirar amoroso. Aliento y energía forman un puente entre cuerpo y mente. La energía vital contenida en el aire, en el acto de respirar la distribuimos por todo el cuerpo, a través de una red invisible de canales de energía denominados meridianos. Ese es el aliento vital que nos reenergetiza y es un elemento que compartimos. Poner atención en ello es el respirar consciente. Se puede practicar durante el día cuando estamos muy sumergidos en nuestras actividades, haciendo stop y practicando unas cuantas respiraciones.

En tercer lugar, LA ACTITUD. Hacemos esta práctica por el deseo de hacerla, con alegría y gratitud hacia la vida y nuestra circunstancia. Buscamos la cohesión de nuestro ser. Por esto el respirar es amoroso y se siente desde el corazón, esbozando una ligere sonrisa, como la de las estatuas de Buda o la de Mona Lisa, porque nuestra memoria celular tiene registrado este gesto, que es el que hemos hecho en los momentos en que hemos vivido la beatitud y la paz. Así, despertamos esta memoria celular e invocamos la presencia de nuestro cuerpo en la práctica.


            


Volver al principio de la página   Cómo acallar la mente y las posiciones incómodas Meditación  

La posición incómoda
A menudo es un signo de bloqueo. Observar la parte del cuerpo dónde se produce porque nos puede aportar información sobre los sentimientos aprisionados en ese segmento corporal. "Dirigirle" el aire que respiramos. Podemos diferenciarnos de esta sensación desde nuestro observador interno que se da cuenta de la incomodidad. Con ello establecemos una distancia con la sensación que percibimos hasta que se diluye el malestar. Pero no hay que ser estrict@s y sufridor@s. Se trata de un aprendizaje, hasta que queramos cambiar la posición si la molestia persiste.También permitimos que si alguien no aguanta la posición, pueda ponerse de pié o sentado, siempre con la máxima discreción para no interrumpir el trabajo del grupo.

Los pensamientos
Van generándose contínuamente. Hay que dejarlos pasar como si se percibieran en una pantalla. No quedarnos atrapados en ellos, sólo observarlos. Cada vez que perdemos esta función de observación, volver a poner la atención en la posición sentada y en la respiración. Así nos desidentificarnos de ellos y ampliamos nuestro propio espacio interior. Volver a poner atención en la posición sentada, y al respirar consciente. El respirar consciente es como una cuerda a la que nos podemos coger cuando nos damos cuenta de que la mente nos aparta de la práctica.

Los sentimientos
También van surgiendo. Pero los pensamientos no se notan y los sentimientos a veces sí que tienen expresión. Dejarlos fluir (una lágrima, una sonrisa…), observarlos, no quedarnos atrapados en ellos. Volver a poner atención en la posición y el respirar consciente.
Si hay tristeza o miedo, se puede entablar un breve diálogo. Preguntar: -¿Qué pasa sentimiento? Porqué estas triste?… Y tomamos distancia sin confundirnos con ellos y así nos vamos conociendo y anclando en este espacio interior que es nuestro tesoro. No hay que rechazar nada de lo que aparezca.

La buena posición y la respiración consciente favorecen la presencia de nuestro ser. Durante la meditación hay momentos en que se pierde esta presencia y hay que recomponerla. A lo largo del día también la perdemos. Cuando nos damos cuenta y la recomponemos (con la posición y unas cuantas respiraciones conscientes) disfrutamos de nuestra serenidad.

 

1 Vipassana es una palabra sánscrita que significa ver las cosas tal como realmente son y es una de las técnicas más antiguas de meditación de la India. Dhiravamsa es maestro de meditación vipassana; tailandés de orígen. Fue monje budista de la tradición therevada durante 23 años. A partir de 1963 se dedicó a la enseñanza de la práctica meditativa en occidente. Imparte cursos de meditación vipassana por diversos países de Europa y América. Recomendamos su libro "El gran río de la conciencia". Ed. La liebre de marzo.

2 Contemplación: Variante de meditación de la mística cristiana. El silencio y la escucha de la voz interior nos lleva a una posición más lúcida en nuestra vida cotidiana
Willigis Jäger es benedictino y Maestro Zen que ha fundado la Casa de San Benito en Würzburg, dedicada a caminos de espiritualidad. Imparte cursos de Contemplación y de Zen por diversos países de Europa. Recomendamos su libro "La ola es el mar" Ed. Desclée de Brouwer.


            


Volver al principio de la página   Qué aporta la meditación en el día a día Meditación  

El ejercitarnos en la meditación, nos prepara físicamente, emocionalmente, mentalmente y espiritualmente.

Es un entreno para vivir el día a día con armonía, porque cuando practicamos regularmente, creamos una estructura de coherencia entre nuestro pensar, sentir y hacer, que se graba en todas nuestras células.

Durante el día, sólo basta un minuto para centrarnos e invocar esta memoria, haciendo unas respiraciones, y todo el estado de armonía creado en la meditación emerge y nos llena de paz y serenidad.

Es un antídoto para el estrés, la confusión, la pérdida de control y el desamor.

Cada momento de nuestra vida, sea lo que sea lo que hagamos, podemos vivirlo como un estado meditativo. Es en el aquí y el ahora, con el sentir, el pensar y el hacer alineados, cuando experimentamos la plenitud de la vivencia de que somos unidad y formamos parte de la Unidad del Universo.


            


Volver al principio de la página   Meditación en casa Meditación  

Consultar el calendario de actividades.
Puedes practicar la meditación en tu casa observado los siguientes pasos:

    1. Acomodarse en un lugar tranquilo de la casa, donde no nos molesten, por lo menos durante 15 minutos.
    2. Preparar el ambiente propicio: Luz suave o de vela, incienso, cojín...
    3. Sentarse en la posición cómoda (cojín de meditación, banquillo para arrodillarse o silla...)
    4. Adoptar la posición correcta, y, en todo momento, mantener la espalda recta, erguida, sin apoyo. Si se está sentado en una silla, descansar las manos en los muslos y los pies bien apoyados en el suelo. Si se está sentado en cojín, repartir el 50% del peso entre las rodillas apoyadas en el suelo y las posaderas.
    5. Cerrar los ojos y concentrarse en el punto que está en el entrecejo, para favorecer la activación de la energía interior. Esbozar una leve sonrisa.
    6. Entonces observar la respiración: inspirar por la nariz mientras se va notando o visualizando que ese aire, esa energía, entra, llega al abdomen y se expande.
    7. Notar que al inspirar se hincha el abdomen y al espirar se deshincha. Hacerlo todo con los ojos cerrados, en calma. Respirar amorosamente y de forma natural, sin forzar.
    8. No hay que pensar en otra cosa, solamente estar ocupad@s en respirar: concentrarse en la respiración hacia adentro y hacia afuera. De esa manera se obtiene el primer paso de la meditación que es la relajación, la calma.
    9. Hacer este ejercicio cada vez que se pueda. Lo mejor es hacerlo diariamente a la misma hora.
    10. La energía circula por el cuerpo. El aire que respiramos es el vehículo que transporta la energía vital. Es efectivo visualizarla pasando por el eje de la columna vertebral, como si energetizara los chakras. Esa es la energía conocida como prana. Por eso el solo hecho de estar concentrados en la respiración ya nos armoniza y, con la práctica regular, permite que surja nuestra "presencia", que es el proceso de observación compasiva por el que ampliamos nuestro campo de conciencia.

Prana: Energía vital que toma este nombre para los hindúes. Los árabes lo llaman Baraka, los chinos Chi, los japoneses Ki, y toma el nombre de Ruach o Pneuma en la cultura judeo-cristiana.

Chakras: Palabra sánscrita que significa rueda o vórtice. Hace referencia a los 7 centros principales de energía que conforman nuestro cuerpo físico, emocional y mental.


            




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